Escribir de lo incómodo y lo doloroso ha sido algo que me ha ayudado a sanar, o al menos eso creo. La madurez también le da uno cierta licencia para hablar de lo que se quiere.
Hace cuatro días me operaron, desde que lo supe me asustaba un poco lo de la anestesia y los exámenes posteriores ¿lo demás? Lo demás solo serían elementos para crear una crónica o alimentar alguna novela futura.
Tras la cirugía, las personas me preguntan por la herida y el tamaño. Me dicen cosas en tono de consuelo: "bueno, eso se borra", "... es pequeña", "... que tanto", etc, etc.
Entiendo esas inferencias en un diálogo y sobre todo, si el emisor hace alusión a "la herida". En mi caso ese asunto no representó, ni representa ninguna preocupación y sin embargo, recibo palmaditas como alguien que acaba de perder una pierna, un brazo o que se volvió menos sexy.
Aún ni siquiera yo la he visto. Sólo un adhesivo con una venda blanca que parece hecha con un algodón muy fino y perfectamente doblada.
Desde luego que supe que tras la operación no sería la misma, en especial porque eso reposa ahora en mi historia médica y cuando toque volver al doctor, no seré la jovencita que respondía no a todo y que sólo mencionaba el largo historial de cáncer en su familia y la diabetes de las abuelas.
No me avergüenza mostrar la herida, las que se ven y las que no, porque de ellas me compongo.
Guardamos muchísimo más adentro que lo que puedan decir nuestros cuerpos.
Nuestros cuerpos no dicen nada, pero sí nuestras almas y nuestros corazones. La lucidez de nuestra mente.
Entiendo de dónde pueden venir esos temores: una palabra hiriente, algún amante que se quejó de la herida, de la estría o del pezón más grande. Entiendo que ese consuelo que me dan sea el recuerdo de un pasado amargo. A ustedes mujeres les agradezco.
Si cuando esta herida sane y pueda ser mostrada, la persona que meta en mi cama llegase a opinar, a cuestionar, a criticar esa raya que está metida en mi vientre, sabré que no es digna de compartir ni la cama, ni las heridas, ni la nada.
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martes, 11 de septiembre de 2018
martes, 11 de febrero de 2014
Para las mujeres de cabello largo
Ante todo reciban un cordial saludo, les escribo sin ningún agrado al hacerlo, para hacerles llegar una inquietud, una simple molestia que genera en mi la forma en la que llevan ustedes su cabello largo.
Si lo va a menear, a batir o simplemente a sacudir, tome en cuenta que no hayan personas muy cerca de usted, puesto que estos sujetos pueden salir gravemente lesionados, algunas veces con una punta suya en el ojo, que lo atraviesa casi igual que una espina, otras cuando su cabello está mojado termina empapando al sujeto en cuestión, algunas veces también somos víctimas de cabelleras bañadas en gel fijador o gelatina como usted prefiera llamarlo, y ese mismo gel termina en nuestros brazos dejándonos la sensación de que alguna sustancia gelatinosa se paseó por nuestro cuerpo.
Si lo va a menear, a batir o simplemente a sacudir, tome en cuenta que no hayan personas muy cerca de usted, puesto que estos sujetos pueden salir gravemente lesionados, algunas veces con una punta suya en el ojo, que lo atraviesa casi igual que una espina, otras cuando su cabello está mojado termina empapando al sujeto en cuestión, algunas veces también somos víctimas de cabelleras bañadas en gel fijador o gelatina como usted prefiera llamarlo, y ese mismo gel termina en nuestros brazos dejándonos la sensación de que alguna sustancia gelatinosa se paseó por nuestro cuerpo.
Me resulta muy curioso de verdad como algunas mujeres de esta urbe o sea Caracas, llevan su melena, entiendo su regocijo y orgullo al llevar un largo cabello, que de paso se ha cotizado a precios altísimos en los últimos meses, donde hasta pirañas venían desde Maracaibo a robarles su preciado bien, pero tenga en cuenta portadora de melena larga, que alrededor de su órbita convergen otras personas, ¡sí! Usted no está sola, hay más personas allí, en ese metro, en esa camionetica o en esas calles que transita diariamente, a las que usted sin darse cuenta termina metiéndoles en la boca aquella bola de pelo, molleja situación que pone a cualquiera fuñido de la rabia y de la... Aaaarrrr, y lo mejor de todo usted ni se entera, ni supo, ni volteó, es que ni siquiera sintió que acaba de ahogar a alguien con su hermosa cabellera.
Para ustedes caraqueñas de cabello largo, nosotros los que hemos sido afectados con su arma de seducción, le pedimos ¡por favor! absténgase de estrujarse o batirse el cabello cerca de otros transeúntes, debido a que terminamos con daños severos y en algunos casos, ni siquiera tenemos papel para limpiarnos la sustancia gelatinosa.
Besos y abrazos la multitud… XOXO
AG
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